En la oscuridad de la habitación se unieron los cuerpos sin alegría; él temía asustarla y ella temía pecar; él deseaba enamorarla y ella deseaba que amaneciera pronto.
Decían entonces que mis mejores atributos eran los ojos sombríos y la cabellera de potranca, pero lo mismo podía decirse de la mitad de las muchachas de España.