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Era un lugar en el que nadie quería detenerse a mirar, pero casi todo el
mundo lo hacía. En la calle, con forma de brazo largo y roto, se alzaban varias
casas de ventanas rotas y paredes desconchadas. La estrella de David estaba
pintada en las puertas. Esas casas parecían leprosas, llagas infectadas que
corrompían el terreno alemán.